miércoles, 21 de octubre de 2009

Segunda Parte de De otros y otras al borde de la lengua

A Mate Badillo en escena

Todo aquello todo lo rodeo,
me rodea todo a través del me pierdo en mi vista.
Absolutamente todo comienza al final de todo,
insomne posible de los mimos [el teatro y el telón],
de las risas de los espectadores.
Definitivamente todo aquello acaba en todo.



Notificación

En sombras y sonidos me traduzco:
el reloj rojo del nombre suena a sábado y a fin de cuenta el autobús marchará al precipicio en ondas y marismas lácteas.



Ni siquiera

¡Qué día más santo que este!
Entre vino y golosina —entre música y el esperar del astro para leerme en poesía,
en plenitud de lo sagrado: una mujer
¡Qué día más santo que éste!



¿Magnicidios o fratricidios?

He traicionado el poder de la libertad y salgo a las calles en palabras:
desgarración de iris y nacimiento —de plutonio y uranio.
Me traiciono en escudos y estar en detención ausente desmenuza mi canto,
lo desmiembra en esta mentira vasta.
El dos de junio no cuenta,
octubre enfermo hace hueco,
en América o África directamente,
ni el abril de siempre.
¡Hasta cuándo esta brutalidad de las márgenes!
Ya para dónde nos sacrificaremos en conjunciones y verbos impropios en la santa redención de nuestras abuelas y abuelos.
El dos de junio no cuenta,
octubre enfermo hace hueco,
en Europa o Asia fotografiado mismamente,
ni el abril de siempre.



Estreno de una comedia

Quedo allí varado observando la masacre: el hollín de los anónimos,
esos nombres sin nombres adornos de aceras y segregaciones,
de estatuas sin rostros.
Quedo ahí sin manos y cubro mis ojos de Magdalena,
cubro mi lengua de forúnculos —de reptiles y presencias.
Nadie hace por los sueños uno igual a todos y por todo.
Sólo esperar y dejar pasar la marea de las interjecciones de los nombres sin nombres oprimidos en el obelisco y la protesta de los muertos.



Ruptura del antiséptico por Mefisto

Creceré boca abajo en las hierbas y las turbias aguas de la discordia;
armo el alfabeto de estalactitas,
de anomalías y esqueletos-sobras en las alcantarillas y el retrete.
Tiento el sabor del musgo y el lodo —pero quién detiene la ola de los remedios— quién se atreve a colapsar en las maquinarias pretéritas de los accidentes y en el tumulto del valido de un infante en sacrificio.
Pertenezco a las normas del lenguaje extrapolar,
apetezco las rudimentarias nomenclaturas no fijas de Cervantes,
a esa rastrera opresión reunida en la grama desierta de lo arenario
—en el inquebrantamiento inmanente del beso de Judas.



Un poema para no lagrimar

Levanto las sin extremidades sosteniendo el dorso a las poses.
Deudo en sienes los epítetos del canto o el silbido promolusco y Somalia;
pirata de insulina y capitán desvestido de rojo quien anuncia el anclaje.
Hace años lo de las piernas de mi abuela,
hueso irrisorio y carnes-tendones cortados por dígitos y láser.
Quizás así el mar deje de batir barcos y los piratas naufraguen en el hambre de sus propias sales mutiladas en sus vistas.

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