miércoles, 23 de septiembre de 2009

Vidas alternas

Hace rato vi a un amigo en las inmediaciones de una de las vías principales de mi ciudad amada, Santiago. Este amigo me contaría la desgracia de su vida. Lo alenté a seguir huyendo mientras uno pudiera, de todo lo ridículo que se nos avecina en estos días de nubarrones. Así llega el otoño con sus calbunclos y sus despejada armonía de sastres y remenderos.

También le dije que viera La envidia, texto que esta publicado en esta inobra de la irrealidad. Pues bien, ahora el diablo nos lleva con los casos detenidos entre nuestras cejas o las sienes. El tipo casi llora, se lamentaba por nuestra supuesta e inverosímil generación excluida de los centros comerciales, de las ediciones a lujo con los adornos deseados de los elfos en antologías, de la publicidad como nomenclatura de un espacio en el dintel o los bordes de una ventana tras la puerta convertida en la maestra de por vida de los santos paridores de supuraciones, ese mal del tiempo sin comentarios y ni siquiera punto y coma por los duelos y los asesinatos en las trincheras del honor. Amigo, dejémonos de lamentos y vamos a encontrar los desdentados, a aquellos que mueren, pues la verdadadera intención es que la marginalidad los hacen muntar en hombres libres (pese a la verdera esclavitud del sistema), en dignidad de ser quienes somos ante esta desgraciada atemporalidad de la mierdad. Sí, la mierdad y más que eso.

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