jueves, 4 de junio de 2009

Los compromisos



Cuando uno tiene realmente el valor de estar comprometido con algo que le atañe en verdad, se deja todo a un lado y se da hasta lo que no se tiene por cumplir.
Cada tiempo los compromisos reaparecen o desaparecen para entrar otros o seguir con los mismos hasta que la inevitable muerte nos sorprenda.
¿Con qué nos sentimos comprometidos?, o por lo menos ¿con qué me siento comprometido en esta vida? Diré que con lo que amo.
Por lo general cito a un escritor cuando hablo de compromiso con la literatura. Cierto día una amiga me dijo que leyó un artículo en un periódico, el cual se entrevistaba a un escritor, eso creo, si mi memoria desmemoriada no me traiciona, y decía que uno o que la literatura no está comprometida con ciertos conceptos de nuestra realidad, sino que en una historia, en poesía o en un ensayo se muestran vestigios de esos temas que comprometen, en fin, concluyó la amiga, la literatura en sí no está comprometida con nadie.
¿Si la literatura no tiene compromiso con la sociedad con quién lo tendrá entonces? Con ella misma o con los fantasmas o los personajes que aparecen en ella, porque la literatura sin lectores no es o no llega ser, ese es uno de los fines de la literatura, llegar a las manos de una persona para llegar ser y comunicar emociones, preocupaciones que le perturban al creador y a la sociedad. Por mi parte yo me siento seriamente comprometido con la literatura y la literatura que creo crear con la sociedad en donde participo.
Por último, si me contradigo es natural en mí, citaré a Milan Kundera:
Pero si el porvenir no representa un valor para mí, ¿a quién o a qué me siento ligado?: ¿a Dios? ¿a la patria? ¿al diablo? ¿al individuo?
Mi respuesta es tan ridícula como sincera: no me siento ligado a nada salvo a la desprestigiada herencia de Cervantes”,
yo diría que a la de los poetas…

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