lunes, 29 de marzo de 2010

Poemas de Rilke, Ramón Peralta, Juan Gelabert, Thomas Kling y Puro Tejada

Estimados lectores,

Con esta publicación concluimos la serie de los poetas invitados. Espero que haya sido de sus más inconmensurables agrados para el disfrute del arte de la palabra. En las próximas publicaciones esporádicas que haremos habrá agua que beber con nuestros textos y otras incidencias que sean motivo del arte.

¡Saludos siempre sinceros!

Augusto Bueno




Rainer María Rilke

Un día tomé entre mis manos...

Un día tomé entre mis manos
tu rostro. Sobre él caía la luna.
El más increíble de los objetos
sumergido bajo el llanto.
Como algo solícito, que existe en silencio,
tenía que durar casi como una cosa.
y con todo nada había en la fría noche
que más infinitamente se me escapara.
Oh, porque desembocamos en estos lugares,
se apresuran hacia la pequeña superficie
todas las ondas de nuestro corazón,
voluptuosidad y desfallecimiento,
y al fin, ¿a quién ofrecemos todo esto?
Ay, al extraño, que nos ha malentendido,
ay, a aquel otro, que nunca hemos encontrado,
a aquellos siervos, que nos han maniatado,
a los vientos de primavera, que se han desvanecido,
ya la quietud, la perdedora.


Sepulcro de una muchacha joven

Lo recordamos todavía. Es como si todo esto
tuviera que ser una vez más.
Como un árbol en la costa de los limones
llevabas tus pequeños pechos leves
hacia adentro del murmullo de su sangre
de aquel dios.
Y era tan esbelto
fugitivo, el que mima a las mujeres.
Dulce y ardiente, cálido como tu pensamiento,
cubriendo con su sombra tu flanco juvenil
e inclinado como tus cejas.


Por ti, para que tú un día llegaras...

Por ti, para que tú un día llegaras,
¿no respiraba yo a media noche
el flujo que ascendía de las noches?
Porque esperaba, con magnificencias
casi inagotables, saciar tu rostro
cuando reposó una vez contra el mío
en infinita suposición.
Silencioso se hizo espacio en mis rasgos;
para responder a tu gran mirada
se espejaba, se ahondaba mi sangre.
¡Qué expresión fue sembrada en mi interior
para que, cuando crece tu sonrisa,
proyecte sobre ti espacio cósmico!
Pero tú no vienes, o vienes demasiado tarde.
Precipitaros, ángeles, sobre este
linar azul. ¡Segad, segad, oh ángeles!


Ofrenda

¡Oh, cómo florece mi cuerpo, desde cada vena,
con más aroma, desde que te reconozco!
Mira, ando más esbelto y más derecho,
y tú tan sólo esperas... ¿pero quién eres tú?

Mira; yo siento cómo distancio,
cómo pierdo lo antiguo, hoja tras hoja.
Sólo tu sonrisa permanece como muchas estrellas
sobre ti, y pronto también sobre mí.

A todo aquello que a través de mi infancia
sin nombre aún refulge, como el agua,
le voy a dar tu nombre en el altar
que está encendido de tu pelo
y rodeado, leve, con tus pechos.


Der Panther

Su mirada se ha cansado de tanto observar
esos barrotes ante sí, en desfile incesante,
que nada más podría entrar ya en ella.
Le parece que sólo hay miles de barrotes
y que detrás de ellos ningún mundo existe.

Mientras avanza dibujando una y otra vez
con sus pisadas círculos estrechos,
el movimiento de sus patas hábiles y suaves
va mostrando una rotunda danza,
en torno a un centro en el que sigue alerta
una imponente voluntad.

Sólo a veces, permite en silencio, la apertura
de los cortinajes que ocultaban sus pupilas;
y cruza una imagen hacia adentro,
se desliza a través de los tensos músculos
cae en su corazón, se desvanece y muere.

 

 
 
Ramón Peralta

prólogo

si estas líneas empiezan otras líneas que nunca han sido dichas,
realmente, comienza la poesía
si estas líneas no dicen un después, si no saben abrir,
han sido sólo un juego, una vieja mentira
entonces, el olvido —toda la indiferencia— han de ser el único
trofeo que han ganado.


eternidad del misterio
(hay una dicha en el espanto que todas las cosas tienen)

y un día uno entra a la casa y cree haber perdido la duda
y el amor y el idioma al fin conocen su jaula
y el misterio se convierte en otra siempre rutina
y el laberinto termina como un juguete sin magia
satisfecho poro en tinieblas (porque ya no hay espanto)
uno mira sin horror lo definido
y nacen la paz y el tedio de creer que ya todo está dicho
pero pronto un miedo nuevo nos devuelve hacia lo incierto
ya no cabe el misterio en el nombre que le dimos
y uno vuelve a tejerle otra medida al misterio
y con certeza uno palpa la palabra que lo encierra
y otra vez surge el silencio que jamás ha dicho nada
pero pronto uno descubre que ha sido vano el lenguaje
que la casa es otra casa cada vez que siente un hombre
porque más crece el misterio cuanto más intenta uno
detenerlo en la palabra.


círculo

sólo el círculo ha encontrado de frente la cara de su espalda
ha derribado el enigma de la sombra,
únicamente el círculo conoce su destino de memoria
únicamente el círculo nos envuelve en su viaje
para suicidarnos en cada encuentro consigo,
únicamente el círculo hace posible la vida
sólo el círculo no puede escapar de sus redes
sólo el círculo muere con nosotros para siempre


fertilidad

tu vientre la escalera que de repente no acaba
subo por tu vientre y me convierto en tus senos
tus senos la escalera por donde subo al recuerdo
el recuerdo la escalera que es tu vientre
tu vientre la escalera por donde subo hasta mí


horizonte

cada vez que salgo dejo en el sillón mi foto
(lo que en ese instante soy)
entonces, ya en la calle mi carne se abre hacia su fin
y una voz que es sólo ruido en mi voz comienza a hablar
hasta que lo incierto abarca de pronto todo mi nombre
pero a pesar de todo, mi carne puede volver
y abro, entonces, la puerta y veo sobre el sillón
la foto de un hombre extraño
que me pregunta siempre: pero, ¿quién eres tú?


eternidad del amor

contigo empiezo a darme un beso en lo imposible
a chocarme los extremos en mi locura
contigo empiezo a ser no sólo piedra, cloaca, flor
empiezo a ser las mil contradicciones que surgen en el punto
lectura de mi carne aún sin alfabeto
sabio que descubre la otra rima de asesino y destino
contigo empiezo a ver la muerte como un sueño sin ojos todavía
a no encontrarle metro a la soledad y la risa
contigo empiezo a ser lo nunca
contigo empiezo a no empezar.


la copa

entonces uno toma la copa, la llena, la bebe y nace ella
y como ella no puede sostenerse en la memoria de nadie
uno vuelve, toma la copa, la llena, le bebe para que ella vuelva
y como ella no puede quedarse a esperar la muerte
una vez más, uno toma la copa, la llena, la bebe y ella regresa
y ríe y hasta habla del dolor
y como a ella le aterra lo mismo, se burla del tedio,
entonces uno quisiera tomar la copa,
llenarla, beberla para ver qué continúa
pero la copa no puede seguir sin contenido
entonces uno comprende que ella muere en el vacío


otra aritmética
(tal vez lo impuro empiece en la razón)

veinte es el número más largo que ahora existe
naciendo de la lluvia que brota de un delirio
empezando a volar en donde todo acaba
veinte, el misterio que una frase devuelve a mi carne ya ida
—¿Como cuánto me quieres? —como veinte


cierto día

de repente este día ha perdido su nombre
era lunes ayer, pero sé que hoy no es martes,
mis manos son ahora un espanto en mi carne
y ese siempre sin fin ahora deja de ser
cada cosa ya es solamente misterio
esta palabra agua nunca ayer la bebí
este día es la puerta, por fin, sin dibujar
este día termina si es que encuentra su nombre


eternidad de la flor

no ha dejado de ser la flor al marchitarse
aun siendo engullida para surgir otro azar
y puesta desde siempre entre dos hojas de amor,
ausente de perfume la flor crea un dibujo
y su lejos color piensa una mariposa,
no espera resurrección, idea vana,
la flor se sabe eterna y continúa naciendo


eternidad del vaso

el vaso cae y corre hacia un suelo mortal
la mano que lo pierde ignora qué cosa piensa
importa nada ahora si es leche o alcohol quien dibuja su cuerpo
el vaso se ha visto —abajo— roto en veintiún pedazos
—la muerte debe ser una gran dispersión—
el vaso sueña la mano y a sus dedos vuelve a atarse
equipara suelo y mano y todavía es eterno


biografía del olvido

no hubiese muerto sales si al menos hubiese recordado
que entre el agua y el fuego la muerte pesa lo mismo
sólo cuando olvidaba la lluvia su piel se humedecía
entre tanto fuego sólo podía quemarse cuando ignoraba las llamas,
sales murió (ahogado) a los 14 años de un sábado sin fin
no porque ese fuera algún deseo de dios
sino porque olvidó que el agua, a pesar de su milagro,
esconde bajo su transparencia un asesino de una memoria terrible


voces

una culebra escribe culebra con su cuerpo y se termina
su epitafio es el nombre que sólo su voz descifra
garabato de muerte, aureola del asco, el hombre supone
porque el hombre sólo cree en la escritura que inventa
la culebra se termina con su última palabra
todo su horror y juguete en su nombre queda atado
el hombre ignora lo que escribe una culebra con culebra
porque aún sólo descubre su escritura en el espejo
















POEMAS 
JUAN GELABERT 

Revelación de la carne


Anoche soñé lanzando trozos de espadas sobre ti y fue cuando quise depositar la sabiduría que una vez busqué copulando contigo y no me fue posible, fui exiliado. Pasando el tiempo traté de buscarte en otras latitudes. Nunca pensé que el silencio no había sido el silencio, sino que era origen de la música. Devorando las horas luché por ser heraldo; pero en el asfalto vi tu piel y en mi asombro tu carne se transformó en un libro. Al abrirlo observé tu historia, lo onírico escapando del cosmos, la paráfrasis del placer. Hojas en blanco. Al final veo que vas al patíbulo, al paredón del destino, donde se interfiere el sueño. Donde por necesidad te enfrentas cara a cara con la noche para ver tu desfigurado espejo. Tu débil rostro purgado de ángeles y demonios infectados por el desastre de la guerra. Sin haber lanzado una sola piedra. Sé que es necesario que te veas por dentro, quizás esté vacía tu casa, o se encuentren trincheras de luto o muchos ojos cegados o tu alma desconsolada.


Tres

Sueño azul

Estás parado frente al mar
mira hacia atrás
y ya no eres sal
ya no eres hombre
ya no eres mujer
pero te petrificas.
Las imágenes postmodernas
centellean en tu adentro.
Te asusta
porque ese ventanal
que decías mirar
y por donde pensabas escapar
hoy es un muro de silencio,
un graffiti torquemado.
Árbol seco, espacio privado.
Oyes un finísimo canto de cabezas
de perros que huyen de la ciudad
su hozar lame la memoria.
No estás solo
otros también quieren irse.


La ciudad

Hoy la ciudad se ha despertado con rostro de angustias en sus hombres, la hiriente mirada se desliza por el tormentoso color de la sangre. Por los callejones del insomnio se pasea el tirano. Ah la ciudad, sus noches, sus días, sus hombres. Sus mártires y sus risas orgiásticas. Es que mañana será de noche en pleno día. Qué dirá la multitud frente al cadáver del poeta. Se irá en silencio porque el espejismo del dolor lo llevan a cuestas.


La ciudad, un jueves desmemoriado

No podemos entrar aquí sin escribir un poema que nos endulce o nos amargue la vida. Anoche desde el techo de la catedral vimos a la multitud rezando en cada calle, una muchacha que llora, un muchacho que le roba. Ay la ciudad, sus muertos, sus ladrones, sus puntos de drogas en cada barrio. Sus piperas vendiendo sexo, sus hombres que se aprovechan. Sus tecatos que se creen poetas benefactores de la patria. Los vecinos que murmuran y todo lo asechan. El militar que da ese golpe duro en el cráneo, el muchacho que muere con una pistola en la mano. La ciudad, su silencio.


Al atardecer, la muchacha

La muchacha ha tomado el mar en sus manos, se bebe toda la angustia y los pedazos de cuerpos de los que han muerto en yola. Huele a pez y es tormenta en reposo y son sus senos caídos, y es todo el hombre y es toda mujer amamantando. Se ha despertado sin saber que sus pies lloran como niños sin consuelo, ánfora sin fondo, paisaje del odio.

 
 
 
Thomas Kling

El inicio de la guerra: Acteón 1, a la manera de Pound

(para Ute Langanky)


Una imagen del Leteo
y de los campos
llenos de luces sin brillo,
aunque dorados,
acantilados grises,
y bajo ellos
un mar
más rígido que el granito,
intranquilo, jamás resignado;
altorrelieves
de los rostros divinos
profetizan peligros;
y uno dijo:
"Ese es Acteón."
¡Acteón, de los arneses de oro!
Sobre praderas luminosas,
sobre el elevado rostro de este campo,
intranquilo, en constante movimiento,
ejércitos de un antiguo pueblo,
el séquito mudo.

En Aleman:

Kriegsbeginn: Actaeon 1, Nach Pound

(für Ute Langanky)

Ein bild der Lethe,
und den feldern
Voll stumpfen lichts,
doch golden,
Graue kliffs,
und unter ihnen
Ein meer
Strenger als granit,
unruhig, niemals aufgebend;
Hohe gestalten
mit den gesten von göttern,
Gefährliche aussichten;
Und einer sagte:
»Das ist Actaeon.«
Actaeon mit den beinschienen von gold!
Über helle wiesen,
Übers überlegene gesicht dieses felds,
Unruhig, immer in bewegung,
Heere eines antiken volks,
Das stumme gefolge.



   
 
 
Puro Tejada M.

BRUJULA ÍNTIMA

A Tony de los Santos

Esta no es mi casa:
llévenme al mar.
Allí llegaré entre la costa
y el sueño a mi hogar,
donde aún Rufa teje
los hilos que soportan la vida
y mis niños corren
contra el inmenso azul.

Estos que se dicen mis hijos
me juran que estas paredes son mi casa
éste mi espacio, mi tiempo justo.
No lograrán engañarme.
Soy Pancho y ordeno:
llévenme al mar
allá donde no me acosen el olvido ni la vida
donde tiendo puentes a la noche
allá donde siempre fui feliz.


HURACAN

Hay un huracán en mi corazón:
sacude mis cimientos
mis huesos, mi sangre.

Justo cuando intenta
salir por mi piel
es detenido por estas
cuatro estancias de cordura.

Algún día vendrá
-seguro que en otras tierras-
donde mi huracán salga
y devore las cosas nombradas.


ETERNO PRESENTE

A Henri Ewaskio

Aquí
entrelazadas las manos
Queda despierta las
madejas del tiempo.
Hay en su voz
una oculta llamada de siglos
una verdad desconocida pero cierta.

Qué pasará mañana, le consulto
-su mirada antigua me traspasa-
y en su español alargado me dice:
*mañana es jueves*
y me pregunto entonces
cuál es el sentido, cuál la canción
cuál el poder de estas manos
que niegan lo imposible
cuando se toman.


POEMA INCONCLUSO

A Luly

Temo por el pez que se oculta
en las suaves ondas de tus ojos:
aquel pez que supo
con dentelladas terribles
disponer de mi abierto corazón.


NINFA MALDITA

Soy Kalent, me dijo
y se desnudó de la ropa y la mentira.
Se vió de niña soñando
ser acunada por la luz,
ser una y ser tantas
sobre esas tablas limpias y amargas.

Soy Kalent, me dijo
y se desnudó temprano del tedio,
boca de fuego y corazón de oro
amada hasta el dolor y la risa.

Soy Kalent, me dijo
nazco cada día
y vine para quedarme.

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